Ira

· La emoción de la defensa

La ira es una emoción necesaria para defendernos en situaciones que pueden poner en peligro la integridad. Su vertiente adaptativa implica la búsqueda activa de soluciones de cara a resolver el problema y minimizarlo en el futuro, así como la respuesta asertiva. Su componente cognitivo se identifica con la hostilidad y su componente conductual es la agresión. Por tanto, esta emoción, si no se modula adecuadamente, puede acarrear muchos problemas para aquellas personas que se vean inmersas en ella.

Afrontar la ira supone aprender técnicas de relajación que interrumpan el proceso emocional y proporcionen la desactivación fisiológica oportuna. Así mismo, las evaluaciones y los pensamientos son muy importantes ya que la ira viene acompañada frecuentemente de exigencias y órdenes, en cuya base se encuentran actitudes rígidas, moralistas y perfeccionistas; necesidad de aprobación; la culpabilidad y el castigo; los juicios y los sesgos de atribución, destacando el “error fundamental de atribución”, que implica atribuir la conducta de los demás a su propia personalidad, mientra que nuestra conducta la atribuimos a la situación.

Estos pensamientos, actitudes, creencias y formas de ver la realidad nos alejan de la asertividad y de las relaciones sociales sanas, a la par de fomentar la externalización de la responsabilidad y de promover la justificación de la hostilidad. Por tanto, se ha de incidir en las valoraciones cognitivas de cara a una interpretación racional de los hechos y un entrenamiento en habilidades sociales que permita el desarrollo de comportamientos asertivos, dejando atrás los dominantes y agresivos.

Otras estrategias incluyen las autoinstruciones, la solución de problemas, abandonar la situación hasta que disminuya la respuesta de ira, el humor, etc.