Ansiedad

· La ansiedad como respuesta de defensa

La ansiedad es una respuesta de defensa, con un componente cognitivo elaborado, cuya finalidad es ponernos a salvo de un peligro futuro. Se caracteriza por dirigir la atención hacia el estímulo temido, pasando por alto otros estímulos que no presenten importancia ante la situación. Cuando se activa ante un peligro irreal, se vuelve desadaptativa, siendo la base de la ansiedad clínica, las fobias y el pánico.

Ante una situación de peligro real, el organismo activa una respuesta de defensa que incluye las respuestas de escape y evitación (huida), el ataque (lucha) y la inmovilidad, por lo que es una emoción altamente adaptativa ya que nos ayuda a sobrevivir.

Sin embargo, cuando la ansiedad se activa ante situaciones que no implican una amenaza real, se convierte en desadaptativa o ansiedad clínica, suponiendo un problema si esta activación sucede de forma habitual o es de intensidad o duración desproporcionadas. El resultado es una experiencia subjetiva de elevado afecto negativo que se conoce como angustia y cuya explicación reside en la percepción consciente de las reacciones cognitivas y fisiológicas que se producen, y que son las mismas que aparecen ante un peligro real salvo que, en este último caso, no somos conscientes de estas reacciones.

Aunque la ansiedad clínica constituye el resultado de la interacción entre la personalidad, el ambiente y las características heredadas y, por tanto, hay personas que son más vulnerables a experimentarla, es cierto que a cualquier persona, en algún momento de su vida, puede verse sorprendida por esta reacción emocional. No obstante, el hecho de que sea un episodio aislado no implica la presencia de un trastorno ya que, para esto, es necesario que haya recurrencia, afecto negativo y dificultades en la vida de la persona.

Por tanto, la ansiedad adaptativa se distingue de la ansiedad clínica en función de si la respuesta de ansiedad es ajustada o no, a las características de la situación y del estímulo que evoca la respuesta (ya sea un estímulo real o imaginado).

TRATAMIENTO
Se abordan los tres componentes de respuesta:

Fisiológico-Somático: Implica la activación del Sistema Nervioso y el tratamiento supone disminuir esta activación a partir de técnicas de relajación.
Cognitivo-Evaluativo: Implica la evaluación subjetiva de la situación a partir de percepciones y de pensamientos. El tratamiento implica proporcionar conocimiento sobre qué es la ansiedad y qué sucede ante un episodio, y analizar y modificar los pensamientos desadaptativos que acompañan y fomentan la ansiedad, lo que supone reinterpretar la realidad de un modo racional y adaptado, mediante reestructuración cognitiva.
Conductual-Volitivo: Implica exponerse en vivo ante la ansiedad para afrontar los síntomas y, de este modo, extinguir las respuestas de búsqueda de seguridad. Comprobar que no se cumplen las predicciones catastróficas, fruto del componente cognitivo de la ansiedad, supone una vivencia experimental necesaria para el afrontamiento del problema.